La política estratégica proyecta escenarios basados en datos que pueden llegar a cumplirse como no. Eso es lo que precisamente hacemos hoy. Siendo viernes 19 de mayo de 2023 vamos a proponer algunas reflexiones de cara a las elecciones extraordinarias que se vienen en Ecuador este 2023, las cuales pueden cambiar radicalmente a medida que pasen los días y semanas, o no.
Esta elección, por su corta y apresurada marcha, podría enfocarse muchísimo más en tendencias que en partidos, movimientos o personas. Las tendencias se refieren a formas de ver el mundo, ideologías. La intención de voto de las y los ecuatorianos todavía se encuentra caliente porque el horno de las elecciones seccionales aún está encendido. Es así que, teniendo en cuenta los resultados de las jornadas democráticas de 2021 y 2023, podemos llegar a ciertas conclusiones.
Primero hay que definir las tendencias. Lo más preciso en estos momentos es referirnos a la primera vuelta de 2021, esto debido a que cuando un votante tiene más de dos opciones de las qué escoger es cuando realmente expresa su apoyo, al menos en las democracias no bipartidistas como la nuestra. Podemos identificar tres tendencias: “correísmo”, “anticorreísmo” y voto moderado. Las dos primeras están más que claras, pero ¿a qué se referiré la tercera? Esta corriente fue la que no respondía a la dualidad de las dos primeras y que le entregó su apoyo a candidatos distintos como Yaku Pérez y Xavier Hervas, con los que sentía identificación. A primera vista ambos tendrían muchas diferencias entre sí, sin embargo, los dos representaban una especie de Tercera Vía, término muy utilizado a lo largo del siglo XX. El “anticorreísmo” con el actual presidente Guillermo Lasso logró 19.74 % mientras que el “correísmo” con Andrés Arauz el 32.72 %, entre ambos suman 52.46 % de los votos válidos, dato muy cercano al del estudio de LLYC The Hidden Drug que determina que la polarización en Ecuador se encuentra en el 45 %. Ambos suman 2 % más de la mitad del total, lo cual demuestra que hay un amplio porcentaje de voto moderado que, si sumamos el 35,07 % de los de los 2 excandidatos que mencionamos antes y que no pasaron a segunda vuelta, será determinante nuevamente al momento de escoger un o una presidente del Ecuador. Entre las tres tendencias suman 87,53 % del total de votos válidos. La conclusión a la que podemos llegar es que las tendencias mandan más que las personas o los partidos y movimientos.
Teniendo la base de datos numéricos anterior, y sumando los acontecimientos que se han dado en los últimos meses, podemos decir que el o la próxima presidente de la República muy probablemente venga de esa tercera vía que no es ni el “correísmo” ni el “anticorreísmo”. ¿Por qué? El “correísmo” a pesar de que se encuentra fuerte tras los procesos de 2021 (Asamblea Nacional) y seccionales 2023 tiene varios puntos débiles. Aunque ganaron las alcaldías y prefecturas de las principales ciudades del país, lo hicieron debido a que la derecha dividió su voto (como es costumbre) y que las autoridades en funciones en ese momento, que representaban a la derecha o “anticorreísmo”, hicieron gestiones muy cuestionadas por la ciudadanía. Es decir, su victoria dependió en gran medida del voto moderado que se inclinó a apoyarles, ya que solo con su voto duro no les alcanzaba. Sumado a eso también está el gran desgaste que ha tenido en términos de imagen y reputación el durante los últimos años. En el caso del “anticorreísmo”, representado en el actual presidente Guillermo Lasso, viene muy golpeado por la gestión del primer mandatario, el voto moderado que le apoyó en segunda vuelta lo ha abandonado por completo y muy posiblemente no estará ni con el candidato de gobierno ni con otro que se identifique con “anticorreísta”. Es así como este voto moderado podría crear un escenario distinto que en 2021 al, esta vez sí, lograr avanzar a la segunda vuelta y, dependiendo de con quién llegue al balotaje, concentrar también el voto duro “anti” del oponente que tenga en frente.
El voto moderado en esta ocasión puede romper el tablero al estar conformado por los votantes del presidente Lasso de segunda vuelta más el progresismo. ¿Por qué decimos progresismo y no “correísmo”? Pues porque este representa a los seguidores que se han apartado del “correísmo”, en especial jóvenes, principalmente por no estar de acuerdo con la posición del expresidente Rafael Correa sobre ciertos temas como aborto o cuestiones religiosas.
Un binomio presidencial moderado tiene el mejor escenario para lograr la presidencia del Ecuador este año e incluso ganar de nuevo en las elecciones de 2025 ya que, a pesar de no tener tiempo para hacer cambios profundos y estructurales, puede demostrar su visión de país y su plan de Gobierno de consenso y no polarizado, sintonizando así con el momento político actual del Ecuador. Además, podría modificar el dicho popular a “es mejor bueno por conocer que malo conocido”.