Es común escuchar que “la memoria es frágil”, pero es poco común entender realmente su peso e implicaciones. La falta de memoria no solo nos traiciona, sino que nos deja vulnerables ante peligros del pasado que vuelven a rodearnos. El fenómeno de tener una “memoria de cristal” ha habitado nuestra región por décadas y es uno de los factores que han contribuido a la inestabilidad política y la corrupción.
Existe una preocupación en las generaciones de baby boomers y X por el hecho de que los ciudadanos jóvenes se interesan cada vez menos en la política. Las nuevas generaciones no han vivido los constantes períodos de inestabilidad de pasadas décadas y, por ende, la “falta de memoria” proviene de la falta de experiencia. Sin embargo, no se trata tan solo de características generacionales. Existe desinterés por un sinnúmero de factores, de los cuales destaca la falta de modernización de la política. Los tiempos pueden haber cambiado, pero la política sigue sin renovarse y sin apelar a las necesidades de un mundo en constante cambio. Con modernización no solo hacemos referencia al uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y redes sociales para la socialización de propuestas políticas, sino a que la política debe reinventarse y buscar nuevas formas de generar consensos, tomando en cuenta los desafíos actuales.
La figura del político también debe refrescarse. Ser atractivo únicamente de manera digital es como añadirle brillo a un auto usado, no cambia las condiciones de fondo ni la personalidad del político. Cuando este no genera coherencia, entre lo que muestra y lo que es, se crean quiebres o cortocircuitos entre su imagen como figura pública y su trabajo político.
Ante un nuevo período electoral es importante reflexionar sobre estos fenómenos, que inciden directamente en los resultados. No debemos simplificar las tendencias electorales solo por características como si los votantes son millennials o no. Lo importante es identificar las propuestas y los candidatos: si se mantienen fieles a sus ideologías, si sus planes son realizables, su historial, si realmente presentan soluciones para los problemas que enfrenta la sociedad, etc. Nunca olvidemos que la información y la educación son la mejor arma contra la corrupción y la injusticia.
Cada uno puede marcar la diferencia con su voto. Parte de la satisfacción y la eficacia política consiste en poder sentirse escuchado y darse cuenta de que un voto sí importa. Debemos entender el poder que cada ciudadano tiene al decidir, aportar y hacerse escuchar. Somos nosotros quienes escogemos el presente en el que vivimos y el futuro que dejaremos a los más jóvenes. Por ende, ser activos, informarse y participar pueden ser formas de establecer una sociedad con un norte más claro.
La memoria aprende las lecciones de nuestras vivencias y nos aleja de situaciones que una vez nos pusieron en peligro. Esta se conforma de nuestra historia y la experiencia en tiempo real. Nutrirnos del pasado amplía nuestra visión y nos ayuda a tomar decisiones informadas. Es momento de refrescar la memoria y actuar.